sábado, 15 de abril de 2017

Yo.

Entonces, tengo que contentarme con verme "neutral". Mi zona segura es a la mitad del espectro que va de lo masculino a lo femenino, algún punto entre la marimacha y el afeminado, lo que significa que siempre tengo una leve sensación de falsedad, como si llevara un disfraz. No recuerdo cuándo fue la última vez que me sentí a gusto en mi propio pellejo.

-Symptoms of Being Human,
Jeff Garvin.

El problema conmigo es que siempre me veré más "marimacha". Eso es como me veré a los ojos de las demás personas con las que me cruce. Ese es el maldito problema conmigo. Que hay días en los que mi brújula interna -como dice Riley en el libro que cite arriba- apunta más hacia lo masculino. Que me miro al espejo y es como si las curvas y los ángulos estuvieran en el lugar equivocado. Que mi cabello debería ser más corto, que mi voz debería ser más grave y la mandíbula más marcada. Vivo con incomodidad en mi propia piel, es lo que hace que mi cuello o mi espalda duelan por días del estrés y la tensión y odie mi cuerpo más de lo que ya lo hago por otros motivos. 
Que hay veces en las que quiero decirle a mis padres "hoy no soy tu hija, soy tu hijo". Que mi pecho se siente como demasiado y tengo que soportar la presión en mis costillas para evitar sentirlo, pero ahí sigue. En esos días lo único que quiero hacer es regresar a casa y cuando lo hago, el usar una sudadera enorme y enterrarme en mis cobijas y en mis almohadas (esperando ahogarme, ja) me ayuda a escapar un poco de toda esa presión. 

A veces pienso en que pasaría si decido comenzar la transición, pienso en como el sentimiento de incomodidad conmigo desaparecería, pero entonces, hay otros días en los que mi brújula interna apunta más hacia lo femenino. Y puedo respirar con un poco más de tranquilidad. Porque mientras el odio por no ser un chico no está, se presenta otro tipo de odio. Un tipo de odio del que no puedo escapar, que está ahí desde que tengo memoria. Es entonces cuando el pensar en comenzar la transición me aterra, porque no controlo esa jodida brújula. No sé cuando marcara masculino o femenino. A veces ocurre durante el día, en medio de una clase, en medio de la comida. Otras será al despertar o cuando llegué de la escuela y tenga que decidir que ropa usar para ir a casa de mi abuela a comer. No puedo decirle a mis padres o a mis amigos "hey, dirígete a mí con pronombres masculinos" y dos horas después "¿sabes? dirígete a mí con pronombres femeninos" (¿lo escribí bien? ah, no sé), el punto es que no lo controlo. Y realmente lo odio. Lo odio. Lo odio. Lo odio. 

En el capítulo 6 del libro, hay algo que me llamó mucho la atención, porque es algo que experimento en esos días en los que la brújula apunta hacia la F pero en el fondo hay un zumbido, que me dice que algo no está bien. 

Siento el corazón en la garganta y un hormigueo de entumecimiento en las mejillas y las yemas de los dedos. 
Está empezando.
Pero sé que es lo que debo hacer. Se supone que debo cerrar los ojos e imaginar la pizarra blanca. Se supone que debo pintarla mentalmente de negro hasta que no quede nada, sino un vacío tranquilo y silencioso.
Cierro los ojos. Remojo el pincel imaginario en la negrura circundante y comienzo a pintar la pizarra con pinceladas grandes y lentas. Pinceladas grandes y lentas. Llevo tres cuartas partes de camino al borde derecho, casi termino, cuando del lado izquierdo aparece un parche blando. El negro se está escurriendo y deja ver más y más del blanco de la pizarra.

En mi caso, la pizarra es blanca los días tranquilos pero entonces, una esquina comienza a pintarse de negro. A veces lento, a veces rápido. Y trato de pintarla, pero de alguna manera el blanco que acabé de pintar se escurre y el negro comienza a ganar terreno. 

Es algo difícil publicar esto, es algo que nunca he hablado en profundidad con alguien, bueno, solo con una persona que ya conocía pero tengo poco de comenzar a convivir más y puedo hablar de eso con esta persona porque siente parecido a mí. 

Siempre me he sentido así, de alguna manera. Desde que era pequeña, solo que cuando eres niño las personas no te juzgan tanto. Quisiera poder ser más neutral, creo que eso ayudaría un poco pero la puta madre, que no puedo. Cuando la brújula apunta M, las personas solo ven a la "marimacha" pero quiero gritar "¡No!, ¡no soy marimacha! ¡soy un chico!" pero el miedo puede ser bastante fuerte.
Solo quiero decirle a mi cerebro que me dé un descanso. 

Pero al final del día, solo...soy yo y soy género fluido.

lunes, 10 de abril de 2017

Take care of yourself.

Y no va a importar.
No va a importar si son las 11 de la mañana, las 5 de la tarde o las 3 de la madrugada. Si estás sintiéndote mal, si los pensamientos son más fuertes, si quieres arrancarte la piel, cuídate.

Toma un baño, come un dulce, duerme, lee un libro, ve la repetición de Friends a las 3 am o mira una película, ve vídeos de cachorros o simplemente recuéstate y cierra los ojos y trata de imaginar que está pasando en todos esos universos que existen paralelos al nuestro. Mimate, toma tu tiempo bañándote, canta canciones y usa la botella del shampoo como micrófono. Come una galleta, no pasará nada, te lo prometo, solo que eso te hará sentir mejor.  Duerme temprano, una noche sin dormir nunca se recupera o duerme tarde, pero solo si es haciendo algo que te haga sentir bien. Pinta tus uñas si quieres, escucha música y sube todo el volumen o lee un libro y saborea cada palabra, cada punto y cada coma.
Abre tu ventana, deja que el viento juegue con la cortina o sostén la cortina para que la luz entre a la habitación e ilumine las esquinas más oscuras. Asomate por tu ventana y mira el cielo teñirse de tonos naranjas, rosas o morados y deja que limpie todo lo malo.

Por favor, no importa la hora, el día o el mes, cuídate.
Eres lo más valioso que tienes, sin importar nada.

viernes, 24 de marzo de 2017

De espíritus brillantes.

Iba caminando frente a mí, iba contándome como fue su día. Las cosas que hizo con su mejor amiga, los juegos que jugaron, las canciones que bailaron, las películas que miraron, los premios que ganó y lo que comieron. Pensaba en cuán diferente es de mí y como estaba agradecida por ello, en que lo único parecido era que nos justaba el trato justo, que sabíamos que todos son iguales a nosotros y a la vez distintos, esa es la forma en que nos criaron. 

Pensaba en que esperaba que nunca se sintiera como yo me siento a veces, que deseaba que nunca tuviera horas oscuras aunque sé que nadie puede salvarse de eso. Pensaba en que nunca dejara de temer pero que no dejara de enfrentar sus miedos, que siguiera siendo tan amable pero a la vez firme cuando alguien quiere ofenderle y capaz de defenderse. Que nunca dejara de llorar cuando la hirieran, pero que siempre se levantara siendo más fuerte de lo que ya es y que nunca se avergonzara de sus heridas. 
Que no tuviera vergüenza, que hiciera las cosas que ama sin importar las demás personas, que siguiera bailando y cantando y riendo como niña pequeña. Que no dejara nunca de ver lo positivo, porque entonces dejaría de ser ella. 
Que si algún día termina odiándome, si algún día mis muros le hieren más que no crea, nunca, jamás nada de lo que salga de mi boca. Porque ella sabe que no es más que cosas brillantes. 
Va a cumplir todo lo que sueñe, porque espíritus como el suyo nunca mueren. Tendrá una larga vida e iluminará las vidas de otros, sin tener que apagar su propia luz. 
Y yo estaré ahí, cuidando que sus muros no crezcan tanto como los míos, pero que sean fuertes para cuando la vida se los pida. 

Y no puedo detener el tiempo, crecerá y se enfrentará a la vida, pero en mi mente siempre será ese pequeño bulto que llegó en brazos de mi madre una mañana. Siempre será esa pequeña caminando frente a mí mientras me cuenta su día. 

And even though you want to, please try to never grow up.

miércoles, 15 de marzo de 2017

De habitaciones iluminadas y el viento.

Llegó a casa, queriendo morir o dormir un par de horas, para reponer fuerzas y volverme a enfrentar al mundo. Me deshago del uniforme y me visto con una sudadera enorme y pantalones chándal, lo siguiente que hago es abrir la ventana y sujetar la cortina para que entre la luz. Porque siento que me ahogo en la oscuridad de mi habitación, porque sentir el viento entrar por la ventana y la luz del sol por la tarde hacen que lo pesado de mi pecho sea un poco más liviano.
Me tiró en mi cama boca arriba, coloco un brazo sobre mis ojos y el otro estirado sobre la cama, me aguanto las ganas de llorar y dejo que el viento y la luz se lleven todo.

Maybe I'm not good enough.

Estoy tratando de no ahogarme, estoy tratando de ignorar que estoy comenzando a sentir como cuando Vino y bombones se fue todas esas veces que prometió que no lo haría, porque no sé que esta pasando y me preocupa y me siento mal porque a veces creo que no soy suficiente para que nadie se quede. Y le extraño y quiero protegerle pero no puedo hacer nada, la puta madre. No puedo hacer nada sin que le perjudique y me jode, me jode mucho.
Y no sé que hacer, no sé si tengo que hacer como siempre y comenzar a matar lo que siento o esperar una señal de que aún hay algo. Es horrible no saber nada, no saber en dónde estás y que deberías de hacer. Estoy cansada de jugar de corazón en corazón, y es horrible que alguien se vaya sin explicación, como si no valieras nada.

martes, 14 de marzo de 2017

Heaven can wait we're only watching the skies.

Era como volver en el tiempo, nosotros dos, pasando la tarde y viendo el Sol morir. Se sentía lo mismo, sentíamos el alivio de volver a esos vicios. Éramos diferentes personas, lo somos. Pero había algo, era como si pudiera sentirme infinito de nuevo, mientras reíamos a carcajadas y nos contábamos todas esas cosas que habían pasado en nuestras vidas después de no vernos en un tiempo.
Era como si nada hubiera cambiado pero al mismo tiempo todo era distinto. Y se siente bien volver a escribir sobre tardes así, sentirme con ganas de escribir y no solo llegar a casa y sumergirme en ese mar gris que es mi mente.

El Sol moría y lo enterrábamamos entre risas y el humo de los cigarros, entre las arrugas que se te hacían en las esquinas de los ojos al sonreír o en los hoyuelos de mis mejillas. Nos dolía el estómago de felicidad y no por las heridas emocionales, recordábamos aquél verano en el que pensábamos que nunca moriríamos, que soñábamos con edificios altos y carreteras sin final. Las tardes en mi casa mirando películas, bebiendo el alcohol de mis padres a escondidas y dejándonos la garganta cantando Forever Young en mi cama. De aquellos primeros cigarros, de las mentiras y escapadas, de las emociones nuevas y las tardes calurosas, de llamadas sin final y los sueños imposibles.

Necesitaba eso, necesitaba volver a sentirme así. Porque los últimos meses fueron peleas en mi mente, el fluctuar(?) de un género a otro y no poder hablar con nadie sobre eso, los corazones espinados y jugar a las escondidas donde en lugar de buscarse solo se esconden para estar juntos. La situación en casa y los tiempos difíciles, necesitaba volver a aruñar el sentimiento de ser infinito. Es como inyectarme emoción en las venas, todo lo que puedo ver en mi mente es el atardecer y a nosotros riendo, sentados en el suelo, ella junto a mí con las piernas recogidas contra su pecho y el cigarrillo colgando de sus dedos, yo con las piernas estiradas y nuestras espaldas recargadas en la pared con nuestros hombros rozándose. Era mi mejor amiga. A pesar de lo idiota que puede ser, de que solo cae por estúpidos y yo la ingenua con espinas en el corazón.

Esto era lo que necesitaba, sentirme un poco viva. Regresar a casa por esas calles ya a oscuras, tratando de deshacernos del olor a cigarro, con la luz de las farolas tratando de encontrarnos. Era viajar en el tiempo, pateando piedras con nuestros Converse e ir recordando momentos vergonzosos y reírnos de lo idiotas que éramos y aún somos.
La brisa fresca y las calles oscuras, las risas y volverse a encontrar con ese sentimiento de ser eterno y por primera vez, recordar el verano sin odio, fue algo que creí que no recuperaría.

miércoles, 8 de marzo de 2017