La madrugada se llena con un "Te amo" atorado en la garganta, con un abrazo cálido, con un beso pintado en la mejilla, ese que ella te dejo hace varias horas atrás, cuando la dejaste en su casa después de haberla invitado un café, donde pasaron el tiempo leyendose, conociendo las historias detrás de cada cicatriz, la madrugada se llena de paseos sin rumbos, esos que das con ella cuando te llama y no puede dormir y lo único que piensas es en verla, se llena de miradas somnolientas y abrazos lánguidos-tanto que parecen que no existen- se llena de pensamientos suicidas-rara vez son alegres- se llenan de llamadas de arrepentimientos-tal vez debas dar esa disculpa a esa persona a la que le hiciste daño antes de que llegue el mañana- se llena de palabras de amor no dichas, se llena de adolescentes llorando, de peleas absurdas o tal vez no tan absurdas, de cortes, de alcohol, de cigarros, de corazones rotos, de personas buscando(se) algo que perdieron hace mucho tiempo-quizás un amor, una mirada perdida en una tarde de otoño- se llena de palabras de odio, de miradas al espejo y de lágrimas cayendo.
Está llena de demasiadas cosas. Demasiadas.
«Para aquellos que creen que todo el mundo merece un final feliz. Esto es para ti.»
lunes, 30 de septiembre de 2013
domingo, 29 de septiembre de 2013
Regrésame.
Hoy he llegado a casa y he olido tu colonia al pasar frente a tu abrigo, ese que olvidaste llevarte aquél 05 de Diciembre, o tal vez lo dejaste apropósito, tal vez tenía demasiados recuerdos en él que no soportarías tenerlo sobre tu piel de nuevo, tal vez temías que los recuerdos ardieran en tu piel y dejaran alguna marca permanente, tal como lo están en tu alma.
Seguí el camino hasta el sofá delante de la chimenea, he notado que el polvo ha encontrado un hogar en donde teníamos nuestras fotografías sobre la chimenea, esas que nos hicimos cuando fuimos a aquél concierto en medio de la noche a espaldas de mis padres.
Tus libros han dejado huecos vacíos en mi librero, esos que leías cuando el insomnio te consumía o las pesadillas te atormentaban. Siempre te juraba que no dejaría que tus demonios volvieran a atacarte, acariciaba tu cabello, susurraba aquella canción de cuna que ya nadie recuerda.
Tu bufanda aun sigue colgada en mi armario, ¿sabes? Esa bufanda gris que te regale un día nevado, quería que saliéramos a pasear pero estabas resfriado, así que nos quedamos en casa leyéndonos y tomando chocolate caliente.
Extraño despertar y verte, extraño delinear tus facciones con mis dedos, extraño tu boca roja y con forma de corazón, extraño contar tus lunares que tienes sobre tus hombros y besar el que tienes en la mejilla izquierda, extraño tus suéteres de lana, en especial aquél de color azul claro, que aunque lo lavara todas las veces que pudiese siempre tenía tu olor, extraño sentarme en la alfombra y que tú descansaras tu cabeza sobre mis piernas, mientras me escuchabas leer.
Pero sobre todo, me extraño a mi. Extraño la persona que era cuando estaba contigo. Aun sigo buscándo(nos)me.
Seguí el camino hasta el sofá delante de la chimenea, he notado que el polvo ha encontrado un hogar en donde teníamos nuestras fotografías sobre la chimenea, esas que nos hicimos cuando fuimos a aquél concierto en medio de la noche a espaldas de mis padres.
Tus libros han dejado huecos vacíos en mi librero, esos que leías cuando el insomnio te consumía o las pesadillas te atormentaban. Siempre te juraba que no dejaría que tus demonios volvieran a atacarte, acariciaba tu cabello, susurraba aquella canción de cuna que ya nadie recuerda.
Tu bufanda aun sigue colgada en mi armario, ¿sabes? Esa bufanda gris que te regale un día nevado, quería que saliéramos a pasear pero estabas resfriado, así que nos quedamos en casa leyéndonos y tomando chocolate caliente.
Extraño despertar y verte, extraño delinear tus facciones con mis dedos, extraño tu boca roja y con forma de corazón, extraño contar tus lunares que tienes sobre tus hombros y besar el que tienes en la mejilla izquierda, extraño tus suéteres de lana, en especial aquél de color azul claro, que aunque lo lavara todas las veces que pudiese siempre tenía tu olor, extraño sentarme en la alfombra y que tú descansaras tu cabeza sobre mis piernas, mientras me escuchabas leer.
Pero sobre todo, me extraño a mi. Extraño la persona que era cuando estaba contigo. Aun sigo buscándo(nos)me.
¿Me has visto? Si lo hiciste, dime que vuelva, que me extraño.
Vacíos.
Pero los meses se han ido. Me han dejado con vacíos en el alma. Las lagrimas salen pero sin los recuerdos. Los meses se los han llevado. Me los han arrebatado. Las canciones ya no me suenan igual. Las letras ya no me llenan ni me calan por dentro. El café que tomábamos ahora es amargo y frío. Las calles por las que caminábamos por la madrugada cuando me llamabas por que no podías dormir y salíamos a dar un paseo sin rumbo, ahora son demasiado solitarias para mi alma rota. Los suéteres ya no son suaves ni tienen tu perfume mezclado con el mío. Mi labial ya no se gasta igual, es más, ya no uso labial porque no quiero gastarlo con nadie más que contigo (no podría hacerlo aunque quisiera). El espacio junto al mío en la cama está frío. Ya no está esa huella en tu almohada, esa que siempre había cuando dormías junto a mi en las noches lluviosas, cuando el viento azotaba contra el vidrio de las ventanas. Las mañanas son demasiado frías en invierno sin tus brazos rodeándome desde atrás mientras preparo el desayuno. Pero los meses se han ido y me han dejado con vacíos en el alma.
Devuélvanme esos meses. Devuélvanme esas risas, las sonrisas, los abrazos, los atardeceres, las lluvias, los besos.
Devuélvanme a mí, que me he estado buscando todo este tiempo.
Devuélvanme esos meses. Devuélvanme esas risas, las sonrisas, los abrazos, los atardeceres, las lluvias, los besos.
Devuélvanme a mí, que me he estado buscando todo este tiempo.
miércoles, 11 de septiembre de 2013
Cansada.
Cansada de escuchar esos comentarios. Cansada de guardarme las lágrimas.
Cansada de llegar a casa sin la sonrisa con la que salí de ella.
Cansada de ver a mi madre sufrir por ver llorar a su hija.
Cansada de escuchar a los demás pero no ser escuchada.
Cansada de ayudar y no ser ayudada.
Cansada de reír cuando en realidad quiero llorar.
Cansada de añorar tiempos más fáciles.
Cansada de tejer mis alas para que en un instante las tenga destrozadas de nuevo.
Cansada de dolores de cabeza después del llanto.
Cansada de fingir reír y sonreír.
Cansada de todo.
Quiero descansar y poder comenzar a ser feliz, de poder hacerles frente a los comentarios, de decir lo que siento y pienso.
Y eso es lo que estoy haciendo.
Por qué estoy cansada. Y ya no quiero estarlo.
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